Nuestras auténticas ciudades falsas

 

Han llegado a mis manos estos fotogramas de la increíble película Metrópolis (Fritz Lang, 1925). Lo curioso fue poder observar la foto del montaje de la maqueta de la mega-polis que ya la hubiera querido para sí en Sr Lucas.

Aunque la reflexión que me vino a la cabeza poco tiene que ver con las películas de ciencia ficción; sino más bien con el tipo de ciudades en las que vivimos o, mejor dicho, con la autenticidad de las ciudades en las que vivimos.

¿Acaso no tratamos de convertir en un decorado nuestros centros históricos? Tenemos una inercia a taxidermizar los tejidos urbanos sólo porque nos paracen bonitos en la foto… porque queremos que nuestras ciudades se parezcan a una postal.

Y sin embargo las ciudades que aparecen en las postales hubo un día en que fueron modernas, que se enfrentaron a la pre-existencia. Roma se edificó sobre Roma, hasta el siglo XX en que alguien decidió que tenía que salir “bonita” en la foto. Poco importan entonces los problemas de los vecinos, de quienes viven y mantienen la ciudad.

Así emprendemos carreras para congelar los monumentos, sacar moldes y mantener auténticas ciudades falsa por las que no pasa el tiempo, ni la vida, claro.

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