Un Cuento para el Verano (ii) y otras lecturas recomendadas

Con estos escritos de verano no pretendo emular a Héctor Berlioz con sus Noches de Estío -música muy recomendable para estas fechas- o a  Dostoievsky con sus Noches Blancas, y no por que no fuera mi deso pero me temo que la diferencia entre talentos es abismal.

Pero qué quieren que les diga, no deja de ser el verano, o estío en su versión más poética, una excusa más a la que aferrarse  cuando uno se enfrenta a esta hoja en blanco en la que se convierte la pantalla cada vez que uno trata de transmitirles algo con sentido.

A propósito  de poder recomendar, una lectura muy refrescante que ha caído en mis manos estas fechas se denomina “Pintar sin tener ni idea y otros ensayos sobre el arte” escrito por Ángel  González García (Editoria Lampreave y Millán, 2007). Dentro de uno de sus ensayos, Isótopos del Azul, resume un cuento de Alphonse Allais titulado “Cromopatía” o “El arco iris humano”. Les reproduzco aquí parte del ensayo:

Trata (el cuento) de siete amigos perdidamente enamorados de la misma hermosa mujer, pero vinculados por un pacto que les autoriza a intentar conquistarla cada uno por su lado y al mismo tiempo les obliga a dejarle el campo libre a quien antes lo consiga. Cuando el que finalmente lo consigue se encuentra a los demás, se queda estupefacto: “Lo que tenía delante de él no eran rostros humanos, sino un auténtico arco iris”. Y en efecto, el primero estaba rojo de ira; el segundo, amarillo de envidia;  el tercero, mitad rojo de ira y mitad amarillo de envidia, se había puesto de color naranja; el cuarto, por su parte, verde de espanto; y el quinto y el sexto, azules por el estupor; sobre todo éste último, que se había puesto índigo… Una vez alineados correctamente a petición suya, el conquistador cae en la cuenta de que falta el violeta; hasta que al verse de pronto en un espejo, descubre que éste era precisamente el tinte de su rostro. El motivo era muy simple. El triunfo y el placer lo habían teñido de rojo, color que había venido a mezclarse con el azul provocado por el estupor de  ver sus multicolores camaradas… “Y así, la serie quedó completa”, concluye Allais. Gracias al violeta, por cierto. (Ángel González García, Pintar sin tener ni idea…, Madrid. Pág. 90)

Alguno se preguntará el por qué del motivo de la imagen, pero tengan en cuenta que si bien suponemos que los mozos del cuento debían de ser bien parecidos, éste fue escrito por Alphonse Allais en 1896 🙂

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